Cuando nos pasa a nosotras

¿Existe violencia dentro de las relaciones entre lesbianas feministas? ¿Existen relaciones de maltrato? ¿Las estamos invisibilizando?

No tengo respuestas ni datos para estas preguntas que tengo últimamente en la cabeza. Lamentablemente existen relaciones de violencia y maltrato entre nosotras lo cual parece paradójico.

No dejamos de vivir en una sociedad heteropatriarcal y nos han construido dentro de esta sociedad neoliberal. No somos seras superioras ni tenemos respuestas para todo por muy feministas que seamos.

¿Qué pasa cuando nos pasa a nosotras? Muy lesbianas y muy feministas. Luchando por los derechos de la mujer. Super sororas. Nosotras, activistas, somos conscientes de la enorme violencia que ejerce el patriarcado; de la opresión, de las formas de relacionarnos, etc. Qué pasa cuando nuestra compañera, nuestra aliada política, ejerce roles totalmente patriarcales en la relación, donde nos deja de menos y nos hace creer que estamos locas o que somos dependientes.
Asumimos que la violencia viene dada por patrones de conducta heteropatriarcales, puesto que hemos sido construidas en estos valores, pero estamos luchando contra ellos ¿no?

Cuando has recibido violencia por parte de tu compañera y aliada feminista te sientes doblemente traicionada. Por la persona (obvio) y por el movimiento. Me explico, no el movimiento en sí, sino en las personas que forman parte de él. Luchando juntas contra el amor romántico, contra la monogamia, contra los roles marcados…. ¿Y luego? Queda la misma manera patriarcal de hacer daño; las luchas de poder, la manipulación, el tratar mal…

Y me vuelvo a preguntar, ¿son las violencias lésbicas un tema tabú dentro del feminismo? ¿Todas las violencias en la pareja son machistas?  He intentado buscar información sobre el tema pero si las lesbianas ya estamos invisibilidades, mejor no hablar sobre la violencia que pueda o no existir.

No pretendo, tampoco, enumerar una serie de tips sobre posibles motivos por los cuales lesbianas feministas ejercen o no la violencia (casos de lesbofobia o del propio sistema heteropatriarcal). Al final, si nos consideramos lesbianas feministas debemos ser conscientes que todos los actos tienen una consecuencia. Que nuestras palabras también hieren. Que a veces proyectamos en la pareja lo que deberíamos trabajarnos previamente. El ser feminista implica esto, entre otras cosas, trabajarse. Despatriarcalizarse. Abrir la mente y ver que hay otras formas de relacionarse. Sacarnos el amor romántico de la cabeza. Cuestionarnos la monogamia sin ir corriendo al extremo del poliamor. Llevar la teoría a la práctica es un trabajo diario.

Para algunas que nos ha pasado, al menos para mí, ha sido difícil abrir los ojos. Entre otras cosas porque tienes a las feministas idealizadas. En mi caso idealicé a la compañera como a alguien que no me iba a tratar mal ni a hacer daño (porque es activista). Sé perfectamente que el amor termina, que no existen princesas que rescaten. Tristemente, el ser feminista no implica liberarte de relaciones tóxicas, ni ser una santa. Porque en muchas relaciones hay luchas de poder. Pero ser feminista implica relacionarte de forma respetuosa sin aplastar a la otra persona. Yo me sentí traicionada al ver que la chica que cumplía con todos los estereotipos (super superficiales) feministas y agitaba como la que más, me trataba de la manera más paternalista que pueda existir. Dudé de mi. Y no fue hasta que me empecé a desconstruir en serio, que me di cuenta que había recibido violencia una vez la relación se había terminado. Capaz yo no me libré de ejercer luchas de poder, pero al menos tengo la conciencia tranquila de haber tratado a la persona con cariño. El feminismo no va con los genitales sino que se practica con la manera de relacionarte.

Se pueden llegar a idealizar que tener una relación sexo-afectiva entre personas del mismo sexo suele ser mucho más igualitaria, horizontal y democrática que la heterosexual (y no lo pongo en duda en absoluto). Pero también es cierto, que hemos sido educadas en esta dicotomía de géneros, con unos roles marcados que conllevan unas dinámicas de control, sometimiento y dominación muy arraigadas.

Como feministas y lesbianas (o bisexuales, o pansexuales, o asexuales) debemos ser conscientes de las estructuras patriarcales que hay dentro de nosotras para poder así construir otras formas de amar. Para liberarnos de las relaciones tóxicas y los roles tan jerarquizados que influyen en nuestra sumisión. Como feministas deberíamos tener la necesidad moral de cuestionarnos. Capaz se podría comparar con el típico macho de izquierdas, que puertas a fuera lucha y es muy horizontal, pero que de puertas adentro cambia. Y si lo cuentas no te creen, porque es muy activista, muy capa, muy feminista.

 Debemos perder el miedo de cuestionar para evitar que el propio patriarcado utilice nuestras dudas no resueltas para atacarnos.

 

 

Publicado en Pikara Magazine

Enlaces de interés:

Testimonio de violencia en relaciones entre mujeres

Violencia en relaciones lésbicas

Es la violencia entre lesbianas una problemática que debería implicar al movimiento feminista

Violencia en relaciones sexo-afectivas entre lesbianas

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Una aproximación política al lesbianismo

Beatriz Gimeno

Esta ponencia es parte de un capítulo que forma parte de un libro que publicaré con la editorial Gedisa en 2006 y que se titula: “Sexualidades en tránsito. Una aproximación política al lesbianismo”. Tanto el libro como esta ponencia son una aproximación a un tema que es central en las tesis de la llamada teoría feminista lesbiana: la posibilidad que las mujeres tienen, todas las mujeres, de optar por un estilo de vida y una sexualidad lesbiana. Defendiendo un  construccionismo radical de la sexualidad, tal como defendía el feminismo en los años 60 y 70 reflexiono  sobre esta posibilidad, defiendo que es algo que está al alcance de cualquier mujer, que es una opción que puede resultar liberadora y reflexiono también sobre las causas que han hecho que dicha posibilidad haya desaparecido del panorama interpretativo de la realidad que hace en la actualidad el feminismo.

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Dejar de morirse de rabia

Feminopraxis

Por Montse Aparicio*
gracias Coral Herrera y al laboratorio del amor

La rabia es una emoción muy intensa. A las mujeres se nos tiende a censurar la rabia y el odio. A la vez que vivimos en una sociedad y en un sistema que constantemente nos genera frustraciones solo por el hecho de ser mujer. Además nos enseñan a retenerla y eso no nos sale gratis; normalmente se convierte en ansiedad. En un estado de nerviosismo-obsesión casi semipermanente. Sirve bailar, correr, ir al gimnasio, desmadrarse… para depurar esa energía y esa mala ostia que se genera dentro de nosotras. Esa bola de tensión en el estómago que no desaparece, que hace que no comas o comas sin parar y que genera una apatía brutal.

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Terrorismo machista – patriarcal

Probablemente a ti no te hayan violado nunca. No has sentido miedo por el hecho de ser quien eres.
Capaz alguna vez te has cambiado de acera cuando andabas en un callejón oscuro porque oías pasos o sentías la presencia de alguien. Pero lo más probable es que no has temido que un grupo de mujeres se acercara a ti para penetrarte.

Han pasado más de 24 horas desde que salió la sentencia y las primeras reacciones son escandalizarse, pero luego se escuchan argumentos como “yo no le diría a un amigo que vaya de noche en un barrio peligroso porque se que le pueden robar y hacer daño; porque no es seguro”.

Este argumento oído por más de un macho demuestra una falta de empatía y un claro posicionamiento jerárquico en la sociedad (no cabe decir quién está por encima); Qué hace una chica como tú, en un sitio como este.

El androcentrismo de la sociedad actual queda reflejado en la justicia patriarcal donde pone el punto de mira sobre la víctima y no sobre el agresor. Donde se tiene que justificar la autodefensa para que se crean que no has recibido violencia porque has querido. Donde estar en estado de shock y no hacer nada, para evitar que te maten, es disfrutar.

Estos días se está y se estará debatiendo sobre el Estado de Derecho, sobre el código penal… y sobre el mensaje que se nos ha dejado a las mujeres. ¿Sé nos va a culpabilizar a nosotras de no hacer nada cuando cinco desconocidos que te doblan en tamaño, te arrinconan en un portal y se empiezan a penetrar anal, bucal y vaginalmente? Ah! Y que además, te graban y te dejan sin móvil para que no te puedas comunicar.
Una amiga se preguntaba que claro, que “la moza podría haber echo algo”. Y la indignación y la rabia ya no caben más en mi ser. ¿Hacer qué? Se nota que a ti no te han violado nunca.

¿HACER QUÉ? Le pregunto otra vez. Estás a las 5 de la mañana, en una ciudad que no es la tuya, supón que has estado todo el día fuera (porque para eso son las fiestas de san Fermín) y que has estado bebiendo. No hace falta estar bebiendo hasta perder el conocimiento, pero toda persona humana que ha salido de fiestas sabe que a las 5 de la madrugada estás cansada y quizás aturdida por el alcohol. Qué harías tú en su situación… No lo sabes. Y probablemente te quedarías en estado de shock como hizo esa niña. Porque recuerda, es una niña. Y está marcada de por vida. Cómo serán ahora sus relaciones sexuales, amorosas, sexo-afectivas…? No lo sabemos, pero difíciles seguro.

Y más cuando la justicia – que es el principio moral que lleva a dar a cada unx lo que le corresponde – te da la espalda porque, como víctima, no te defendiste.
Me pregunto, esta justicia tan española le preguntaría lo mismo a las víctimas de ETA?  No.

Y me pregunto; ¿es el machismo una nueva forma de terrorismo? Terrorismo es sembrar el terror. Y la sociedad patriarcal siembra terror en nosotras. De manera sutil, a lo largo de la historia, ha ido posicionándonos de manera que no nos demos cuenta que se nos considera un ser inferior. No voy a dar clases de historia; hay libros que lo argumentan mucho y mejor que yo. Las luchas feministas han ido ganando terreno a muchos de los derechos evidentes (igualdad salarial – que está por demostrar que se ejerza – sufragio universal…) pero queda toda una red patriarcal muy marcada. Donde se ven claramente quienes son los opresores y quienes las oprimidas.

Mujeres que sienten miedo de sus agresores, que tienen órdenes de alejamiento. A caso no son víctimas de terrorismo machista? Mujeres que cambian de calle por que no sienten seguridad cuando ven a grupos de chicos increpándolas y acechándolas verbalmente (siempre bajo la excusa del piropo).

Somos víctimas de terrorismo. Terrorismo patriarcal. Y encima la justicia, muy patriarcalizada también, nos cuestiona aún cuando hay pruebas de agresión, intimidación y violación.

El juez Ricardo González es la clara representación del sistema patriarcal y de la cultura de la violación que, gracias al porno, habitan en nuestra sociedad. Quizás hasta le habrá gustado el vídeo que los sujetos grabaron. Incluso hasta quizás haya sentido cierto placer. Porque, pedir la absolución de la manada, tiene tela.

Como sociedad debemos pedir que se le inhabilite. Como sociedad se debe pedir también que se cese de sus cargos de funcionarios públicos a los miembros de la manada que aún continúan cobrando el 75% de su sueldo.

Clara Serra escribió hace más de un año Violencia Machista y terrorismo; “en España, terrorismo ha sido la pieza clave del imaginario político como lo ha sido y sigue siendo en el contexto internacional”. También argumenta que la violencia terrorista es violencia pública; realizada a la vista de todos y reivindicada por sus propios autores”.
Los chicos de La Manada, premeditadamente, violaron a una chica mientras lo grababan  y la dejaban sin móvil. En un sitio público. En el momento que hacen circular el vídeo están orgullosos de sus actos; están reivindicando lo que hicieron. Lo que hicieron no fue solo violar, fue un acto terrorista.

No pido que se les juzgue como un acto terrorista (que viendo el caso de Alsasua no es tan descabellado), pero si pedir que en este supuesto Estado de Derecho en el que vivimos se modifique lo que se tenga que modificar para humanizar la justicia desde una perspectiva de género. La sociedad está cambiando. Con este juicio había la esperanza humanizar la justicia; de plasmar los cambios sociales que se están gestando en nuestro país (marchas feministas del 25N y del 8M son un claro ejemplo).

Cuando vienes sola a America Latina, (a viajar, a trabajar, a vivir…) te dicen que andes con cuidado. Que “ya sabes lo que pasa allí y más tú que eres mujer”. Argumentos sin mucha coherencia gramatical. Estar aquí luchando y agitando por los derechos de la mujer mientras ves que en casa, en Europa, donde en teoría “las cosas van mejor en cuestiones de género” nos están matando y culpabilizando, te hace cuestionar la sociedad en la que vives.

Antes veías las grandes movilizaciones feministas en Argentina, Brasil o México y capaz te sentías un poco más segura en España. El tiempo ha dado la razón que la lucha es internacional. Que nos matan, no nos creen, nos privan de derechos, deciden sobre nosotras (esta chica gimió de placer), en todos los lugares del mundo. Existe un terrorismo internacional y se llama machismo. Estamos en guerra.

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A(r)marse después del maltrato

Feminopraxis

Por Montse Aparicio*

25 N, día internacional contra la violencia de género. Día internacional contra los feminicidios.

Ahora es cuando en los medios salen muchas estadísticas; sabemos que la mayoría de mujeres ha sufrido violencia (psicológica, física, sexual, emocional, simbólica…) por parte de hombres (familiares, amigos, desconocidos, conocidos…). Los números no son nada esperanzadores.

Los poderes están tan claramente patriarcalizados que quitan el optimismo que muchas sentimos al rodearnos de activistas y colectivas: violadores no condenados, culpabilización de la víctima, mujeres humilladas…

¿Y después qué?

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El dilema del veganismo

Sentido y Sostenibilidad

photo by: John Olsson photo by: John Olsson

No suelo escribir posts en primera persona, sobre mis posicionamientos, sino que suelo optar por una visión un poco más general y más informativa, pero esta vez creo que es lo más adecuado. Hace unas semanas que vengo acabando en conversaciones sobre la alimentación y las actitudes sostenibles/responsables, lo cual ha hecho que me cruce en el camino con no pocos veganos.  Por eso he sentido la necesidad de escribir este post, que no es una crítica sino la reflexión que yo misma me he hecho a la hora de valorar si consideraba ser vegana como una opción alineada con mi compromiso con el planeta.

Se entiende por veganismo, según la Wikipedia (ya que la RAE no contempla el término),  la práctica de abstenerse del consumo o uso de productos de origen animal. En el sentido más estricto, es una actitud ética caracterizada por el rechazo a…

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Hacia la huelga feminista

Estamos a un mes del 8 de marzo; del paro de mujeres organizado a nivel internacional. Mujeres de más de 51 países nos estamos estructurando para llevar a cabo una huelga que va más allá del ámbito laboral. Se trata de parar nuestro consumo, trabajo no remunerado, los cuidados, trabajo doméstico. Parar el ámbito estudiantil y asociativo, etc. Para demostrar que sin nosotras ni se produce ni se reproduce. Que somos necesarias y vitales.
Esta movilización debe servir para visibilizarnos; dejar de ser objetas para ser sujetas. Agitar para que se nos reconozca en la sociedad y plantar cara al modelo patriarcal actual.

Visibilizar los cuidados; la doble carga que llevamos por el simple hecho de haber sido educadas como mujeres. Porque estamos hartas de tener que cumplir los objetivos que la sociedad espera de nosotras; queremos decidir sobre nuestra cuerpa y nuestra vida. Dejar de trabajar fuera y dentro de casa sin reconocimiento. Gritar que no estamos hechas para educar y cuidar. Paramos todas, de manera transversal y a pesar de nuestras diferencias porque hay algo que nos une; nos han hecho mujeres.

Podría seguir analizando siguiendo el guión de los argumentarios que compañeras de distintas colectivas y movimientos han elaborado, exponiendo un sin fin de por y para qués de la huelga, que van desde ámbitos económicos hasta culturales.

A falta de un mes, hacer un llamamiento, un recordatorio a todes. No nos olvidemos que nos están matando, nos están agrediendo, nos están violando. Y no nos creen. Y la justicia está cada vez más patriarcalizada; ni nos protege, ni nos tiene en cuenta (en casi ningún rincón del mundo). Somos las víctimas de las instituciones y el sistema; mientras el Estado nos da la espalda sin admitir su responsabilidad en esta Guerra.

Paremos para conseguir un cambio, o muchos a la vez. Para visibilizar violencias, transformar la cultura, la educación, las relaciones y los medios de comunicación entre muchas cosas. Paremos por y para las siguientes generaciones.
Hacer de esta huelga un movimiento masivo y gritar que otros modelos si son posibles; la revolución feminista ya está aquí (y en más de 51 países).

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