Francia: el problema de la integración

El racismo lleva gestándose desde hace más de 3 décadas. La cuna de los grandes imperios no es capaz de gestionar la integración de esos inmigrantes procedentes de las zonas que una vez fueron suyas.

El foco de atención de estas semanas es Francia. Se puede intentar gestionar el problema de la forma más brusca posible: lanzando misiles, continuando guerras e intentando demostrar quien es el más fuerte, o bien centrarse en uno mismo e intentar buscar explicaciones de por qué tus propios ciudadanos te atacan. Se sabe que la gente que ha protagonizado los últimos atentados son franceses, hijos de inmigrantes de 3ª y 4ª generación.

En Francia, las formas de integración y asimilación han dado paso a formas de aculturación. Los franceses quieren que todos aquellos inmigrantes no-occidentales adopten la cultura francesa, y que terminen por perder la suya. Un proceso poco tolerante cuya finalidad es la alienación de todos los ciudadanos franceses.

Contextualizar la situación francesa

María Gascón Stürtze, que estudió la evolución de la inmigración en Francia ha argumentado el cambio de la percepción que los franceses tienen sobre el inmigrante: desde los años 80, el concepto ha evolucionado negativamente: como “una amenaza a la cohesión nacional”.

Gascón explica de una manera clara y nítida la progresión del país hacía una zona un tanto xenófoba a todo aquél o aquella procedente del norte de África, y a sus descendientes.

Ya en el año 1983 se produjo la denominada “marche des beurs” , producida por la primera generación de franceses hijos de inmigrantes magrebíes. En ella pedían igualdad, luchar contra un racismo que ya se estaba gestando y pedir la tarjeta de residencia y el derecho a voto.

La marche des boneurs 1983

El gobierno tomó medidas pero no parecieron dar fruto. La crisis económica y la creación de suburbios que darían paso a los “guetos” , no ayudaron a que los jóvenes franceses de origen, sobretodo magrebí, se sintieran integrados. Gascón nos da ciertas claves para entender la entorno social que estaban viviendo: el paro había aumentado, mucha gente vivía de subsidios y en economía paralela, tenían un alto fracaso escolar, y aun teniendo altas calificaciones, no se garantizaba la inserción laboral de los jóvenes (vivir en uno de esos barrios o tener un nombre árabe te excluía directamente). Así pues, la autora habla del techo de cristal sobre ese tipo de población: la limitación del ascenso laboral por el mero echo de ser hijos de inmigrantes (o no ser “puramente” franceses).

En el año 2005 se produjeron los disturbios de Clichy sur Bois, cerca de París, y se expandieron rápidamente por Francia y por otros países como Bélgica o Alemania. Empezaron con la muerte de dos jóvenes franceses electrocutados que corrían para huir de la policía. Los manifestantes afirmaban que la gente estaba viviendo en guetos y sufriendo una exclusión social. La reacción del ministro del interior, por aquel entonces, Nicolás Sarkozy, fue llamarlos “escoria”. Obviamente esta aportación no ayudó a solventar el conflicto.

Clichy sur Bois

Las cosas no han mejorado en la última década y se ha plasmado en el contexto político nacional: “le front nacional”, partido de extrema derecha, va ganando simpatizantes año tras año. De echo en las elecciones del 2014 fueron la primera fuerza política. Encabezada por Marine Le Pen, este partido es muy crítico con la inmigración, sobretodo con la del norte de África, explicándolo como causante del desempleo y la delincuencia.

¿Y ahora qué?

Francia quería una alienación de esos ciudadanos, una aculturación que no resultó efectiva, dado al abandono que sufrieron esas personas. No pudieron, ni pueden sentirse Franceses, “iguales y libres” si la sociedad les limita por el simple echo de tener orígenes no europeos. Con lo cual, la llamada “igualdad, libertad y fraternidad” no se ejerce para todos. Lo más probable es que aquellos jóvenes que hoy en día decidieron y deciden unirse a grupos extremistas o a cualquier otro, sea porque no se sienten parte del país; sino distintos y no en un sentido positivo. La discriminación por parte de la sociedad conlleva que nunca puedan llegar a sentirse integrados. Con lo cual Francia queda lejos de ser un modelo ejemplar y busca los culpables fuera.

La situación que se esta viviendo estas semanas no se puede focalizar solamente en Francia, puesto que entran en juego otros actores políticos y la situación en oriente medio. Pero cierto es que la sociedad francesa lleva años gestando sentimientos contradictorios y muy alejados. Es un país que cada cierto tiempo se revela (1983 con la “marcha des beurs” o en el 2005 con los disturbios de “Clichy sur Bois”).

Todo apunta a que las próximas elecciones (2017) ganaría “le front national” de Marine Le Pen, lo cual no hace prever un giro positivo para poder paliar el problema del racismo y la integración.

 

Lecciones de Francia en la integración de segundas generaciones – María Gascón Stütze

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Acerca de Mapaparicio

Opinando sobre un mundo que nunca cambia. Observo y pregunto demasiado. Hace años estudié periodismo y cooperación internacional. Fui de las que se decepcionaron con el cuarto poder y vivieron (viven) su crisis, también a modo personal. Poco a poco voy recobrando la fe en el sector, pero no en el mundo. Reflexiones de la vida en general.
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Una respuesta a Francia: el problema de la integración

  1. Toni dijo:

    Molt be Mar feia temps q no llegia res de tu m’Agradat moltissim la Monste i el JC estaran contents.

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