“¡Queremos empezar a vivir, por fin, en el siglo XXI!”

El invierno pasado  conocí a Ivanna, cuando las dos estábamos en Dinamarca por cuestiones totalmente distintas; ella hacía prácticas de la universidad en una granja en medio de la campiña danesa, como muchos otros estudiantes de Ucrania.
En las clases de danés que el gobierno escandinavo promueve gratuitamente a los inmigrantes, la mayoría de los alumnos venían de los países de la antigua URSS, mayoritariamente Ucrania. Allí fue donde conocí a Ivanna (prefiero reservarme el apellido), una chica de 22 años que se encuentra estos días en la plaza Maidan de Kiev. Un día, en medio de confidencias, me dijo que ella cobraba más en Dinamarca de lo que su padre cobraba como profesor de universidad en Ucrania. “Y eso que nosotros no vivimos mal, imagínate como está el país”. Ahora, reflexionando, me doy cuenta que la mayoría de estudiantes ucranianos que conocí querían quedarse a vivir a Dinamarca.
Al ver las protestas que estaban sucediendo en las calles de Kiev, me puse inmediatamente  en contacto con ella, pues sabía que estaría allí y quería que me contara de primera mano qué estaba pasando y sobre todo por qué querían unirse a una Europa en crisis donde muchos de los países desean largarse. Me contestó: “Estamos luchando por nuestros derechos”, “esta situación viene de antes de la revolución naranja”.
Una revolución pacífica que tuvo lugar en el 2004 pero que finalmente no quedó en nada. Una de las principales líderes, Yulia Timoshenko, claramente pro-occidental, fue elegida presidenta: en la actualidad se encuentra en prisión cumpliendo condena por abuso de poder. Hay quienes aseguran que la condena fue tomada por motivos totalmente políticos. Lo que cabe recalcar es que después de la revolución hubo el mismo presidente que cuando empezó: Viktor Yanukovich, el mismo que hay ahora.
“La gente en Ucrania se había cansado de tantas manifestaciones y protestas. Además no había un líder fuerte en la oposición, así que el pueblo pensó que no le quedaba más remedio que fiarse de él”. En este pequeño resumen que me describe Ivanna solo puedo pensar en que ahora sí que hay un líder fuerte: el boxeador Vitali Kiltschko, quien además tiene en apoyo de Alemania.
Ella continua explicándome que nadie esperaba nada bueno de Yanukovich cuando de repente sorprendió al pueblo anunciando que firmarían un acuerdo con Europa. Según ella, esta sería la manera de superar la era post-soviética. De la misma manera que afirma que el presidente sorprendió al pueblo cuando dijo que se estaba a punto de alcanzar un acuerdo con Europa, la decisión de no firmar fue una “decepción inevitable”.
Le afirmo que el hecho de firmar no les convertiría en nuevos miembros y me contesta que es cierto, pero que les prometen desarrollarse de una forma europea. Con otras palabras, les prometen alejarse del mundo del que siempre han vivido. Me continúa contando que de repente el presidente Yanukovich concluye que deberían unirse a Rusia y a la Unión aduanera, “el sueño de Putin de reunir la antigua Unión Soviética (…) en vez de ir hacia delante, ¡volveríamos unos 50 años hacía atrás”.
La dependencia energética que tiene Ucrania sobre Rusia hace que este país sea un blanco fácil para las manipulaciones de Putin. Durante los años 2006 y 2009, Rusia cortó el subministramiento de gas en varias ocasiones por conflictos en el precio. Ahora cerró sus fronteras para los productos y los trabajadores ucranianos.
“Ahora hemos salido a la calle, cada día hay más gente y el gobierno está actuando como si nada pasara”. Me dice entusiasmada que ahora el pueblo de Ucrania se está levantando y está gritando al mundo que no quieren volver a los tiempos donde la vida de las personas no valía la pena y donde hablar implicaba ir a la cárcel.
Se queja de la actuación de la policía, del gobierno… pero está contenta de ver como la gente sale a la calle a luchar. Dice que se revive el espíritu de la revolución naranja y que más que por firmar o no el acuerdo con Europa, la gente lo que quiere ahora es un cambio empezando por el gobierno: piden su dimisión.
“Estamos hartos. Ya tenemos suficiente de un presidente que no usa el dinero del Estado para uso estatal, sino que va hacía su bolsillo. Tenemos suficiente de un presidente que no da libertad de expresión ni a sus propios trabajadores y sobre todo, no queremos a un presidente que quiere llevar a la población donde estaba hace 50 años y que se pone por debajo de ese mismo régimen y de las personas que han hecho que los Ucranianos sufran por más de 200 años”. Ella misma continúa, “por eso la gente de Ucrania elegimos la Unión Europea, no porque sea la mejor manera, pero es la única manera que tenemos ahora mismo (…) Estamos cansados de nuestro dictador. ¡Queremos empezar a vivir, por fin, en el siglo XXI!”.
 Acaba de definir a su presidente como dictador y repaso las actuaciones de nuestro gobierno, la corrupción, las promesas fallidas, la falta de libertad de expresión… ¿también tenemos dictador? Ucrania y España están en los extremos de Europa, con una historia totalmente distinta, pero con un presente más parecido de lo que jamás llegue a pensar. ¿Es este su 15M?
Me pasa información, enlaces y me recuerda que si quiero saber más solo tengo que ponerme en contacto con ella. Está orgullosa de que casi todos los periódicos del mundo se hable de Ucrania. Tan orgullosa como algunos lo estábamos hace ya más de dos años. Queda claro que la revolución empieza en las plazas: desde los países árabes, también europeos occidentales y orientales. La gente quiere cambios en todos los lados y eso es lo que se está pidiendo a gritos desde todas las partes del mundo entero. Solo espero que lo que está sucediendo en Kiev no se apague y que la gente siga “luchando por sus derechos”
Enlaces de interés
Kyiv post
Euromaidan rallies in Ukraine

 

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Acerca de Mapaparicio

Opinando sobre un mundo que nunca cambia. Observo y pregunto demasiado. Hace años estudié periodismo y cooperación internacional. Fui de las que se decepcionaron con el cuarto poder y vivieron (viven) su crisis, también a modo personal. Poco a poco voy recobrando la fe en el sector, pero no en el mundo. Reflexiones de la vida en general.
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